Wednesday, March 25, 2015

Thank You! (¡Gracias!)


Life has been full of challenges lately. But God keeps reminding me of the important truths I need. 

Yes, we often feel the painful effects of living in a fallen world.  Yes, we are in a spiritual battle. Yes, sin has consequences. Yes, sometimes life is just hard. 

But...we are not alone. We have purpose in our pain. We have all we need in our gracious Savior. And we are on the winning side! 

To all of you who have given prayers, encouragement, love and support to me and my family, THANK YOU! We couldn't walk this journey without you. And we hope we can be a blessing to you in your journey as well. 

Here's a poem I wrote several years ago when I was in the midst of a fiery trial. It's still true today. 

Thankful for you,
-Joanna


Hold My Arms 

The sun beat down
glinting off armor and sharpened spears.
Two armies clashed.
High on a hill, Moses stood with arms upraised.
The Israelites were winning!
But Moses grew tired and lowered his arms.
The battle turned.
Only with his arms raised to heaven
could the fight be won.
“Hold my arms!” he cried, “Hold my arms!
The victory must be ours!”
Aaron and Hur jumped to his side.
They held his arms steady as the day grew long.
With the setting sun, the Israelites won.

In the dark of night
the battle rages, fierce yet unseen.
Good and evil clash,
contending for the souls of men.
On the earth below I stand with arms upraised
praying “Lord – help, deliver, save
those lost in sin, despair, and pain.”
But my spirit grows weary, my body is frail.
I cannot fight this battle alone.
“Hold my arms!” I cry, “Hold my arms!
The victory must be ours!”
You rush to my side and give strength to my prayers.
With arms raised to heaven we stand, though the day is long.
When the Son returns, we will see the victory!

(by Joanna K. Harris) 

But thanks be to God! He gives us the victory through our Lord Jesus Christ. -1 Corinthians 15:57


¡Gracias!

La vida ha estado llena de desafíos últimamente. Pero Dios sigue recordándome las verdades importantes que necesito recordar.

Sí, con frecuencia sentimos los penosos efectos de vivir en un mundo caído. Sí, estamos en una batalla espiritual. Sí, el pecado tiene consecuencias. Sí, a veces la vida es sencillamente difícil.

Pero… no estamos solos. Tenemos propósito en nuestro dolor. Tenemos todo lo que necesitamos en nuestro bondadoso Salvador. ¡Y estamos en el lado ganador!

A todos ustedes que han orado, nos han dado palabras de ánimo, amor y apoyo a mí y a mi familia, ¡GRACIAS! No podríamos ir en este viaje sin ustedes. Y confiamos en ser una bendición en su viaje también.

Aquí hay un poema que escribí hace varios años cuando estaba en medio de una prueba de fuego. Todavía es verdad hoy día.

Agradecida por ustedes,
-Joanna


Sostengan Mis Brazos

El sol golpeaba duro
reflejándose en armaduras y afiladas lanzas.
Dos ejércitos chocaron.
En lo alto de una colina, Moisés estaba de pie con los brazos levantados.
¡Los israelitas estaban ganando!
Pero Moisés se cansó y bajó sus brazos.
La batalla se volvió en su contra.
Solamente con sus brazos levantados hacia el cielo
se podía ganar la batalla.
“¡Sostengan mis brazos!” Exclamó, “¡Sostengan mis brazos!
¡La victoria debe ser nuestra!”
Aarón y Hur saltaron a su lado.
Sostuvieron sus brazos firmes a medida que el día avanzaba.
A la puesta del sol, los israelitas ganaron.

En la oscuridad de la noche
la batalla ruge, feroz como nunca se ha visto.
El bien y el mal chocan,
contendiendo por las almas de los hombres.
Abajo en la tierra estoy yo con los brazos levantados
orando "Señor - ayuda, libera, salva
a aquellos perdidos en el pecado, la desesperación y el dolor."
Pero mi espíritu se debilita, mi cuerpo es frágil.
No puedo pelear esta batalla sola.
"¡Sostengan mis brazos!", clamo, "¡Sostengan mis brazos!
¡La victoria debe ser nuestra!”
Tú corres a mi lado y das fortaleza a mis oraciones.
Aguantamos con los brazos levantados hacia el cielo, aunque el día es largo.
Cuando el Hijo regrese, ¡veremos la victoria!

(por Joanna K. Harris) 

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. -1Co. 15:57 

Wednesday, March 18, 2015

Relax


Last week I listened to a sermon about having a relaxed heart. I think sometimes as Christians we feel like it's more "spiritual" to be concerned or worried about things. Having a relaxed attitude is often seen as immature or not caring about the serious issues of life.

However, Jesus is the one who said, Do not let your hearts be troubled. Trust in God; trust also in me (John 14:1). 

Having a relaxed heart is something the Holy Spirit works in us as we trust in Him. Taking time to focus on God and to let ourselves rest or relax in Him is something we do. 

And believe it or not, science shows that a relaxed heart is a healthy heart. 

So, how often do you relax? 

How often do you practice a "put your feet up, lean your head back, close your eyes and breathe deeply" kind of relaxing?

Once a day? Once a week? Once a year? 

I admit this isn't something I'm great at either. After years of being bed-ridden, I now love to do things just for the pure joy of DOING! And when I'm not active, my mind is usually jogging down three or four different trails simultaneously. 

In our busy world it seems we're always on the go or at least our thoughts are always moving at a fast pace. I've discovered that ongoing activity and busy thoughts often cause my body to tense up. If I'm not careful I can spend a whole day in this "tense" mode without even realizing it. 

I'm learning how helpful it is to take moments now and then throughout the day to just "relax." 

Be still. 
Calm the thoughts. 
Smile.
Breathe. 
Embrace this moment.
Rest in my Savior.

A heart at peace gives life to the body (Proverbs 14:30a).

I believe we need moments of stillness, of peace, of relaxation for the health of our bodies and our souls. 

Will you join me this week in practicing relaxing moments and learning to cultivate a heart at rest in Jesus? 

But I have stilled and quieted my soul (Psalm 131:2a).


Relájate

La semana pasada escuché un sermón acerca de tener un corazón relajado. Pienso que a veces como cristianos nos parece más “espiritual” ocuparnos o preocuparnos por cosas. Tener una actitud relajada a menudo es visto como inmadurez o no interesarse por los asuntos serios de la vida.

Sin embargo, fue Jesús quien dijo: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí (Jn. 14:1).

Tener un corazón relajado es algo que el Espíritu Santo obra en nosotros mientras confiamos en Él. Tomar el tiempo para enfocarnos en Dios y permitirnos a nosotros mismos descansar o relajarnos en Él es algo que nosotros hacemos.

Y lo creas o no la ciencia muestra que un corazón relajado es un corazón sano.

Entonces, ¿con qué frecuencia te relajas?

¿Con qué frecuencia practicas la clase de relajamiento de "levanta tus pies, echa tu cabeza hacia atrás, cierra tus ojos y respira profundo"?

¿Una vez al día? ¿Una a la semana? ¿Una vez al año?

Admito que esto no es algo en lo que yo sea muy buena tampoco. Después de años de estar postrada en cama, ahora me encanta hacer cosas sólo por el puro gozo de ¡HACERLAS! Y cuando no estoy activa mi mente está frecuentemente corriendo en tres o cuatro senderos diferentes, al mismo tiempo.

En nuestro ocupado mundo parece que siempre estamos en movimiento o por lo menos nuestros pensamientos siempre están moviéndose a paso acelerado. He descubierto que la actividad en curso y los pensamientos ocupados a menudo hacen que mi cuerpo se tensione. Si no tengo cuidado puedo pasar un día entero en este modo “tenso” sin siquiera darme cuenta.

Estoy aprendiendo lo útil que es tomar unos momentos de vez en cuando durante el día para simplemente “relajarme.”

Estar quieta.
Calmar los pensamientos.
Sonreír.
Respirar.
Abrazar este momento.
Descansar en mi Salvador.

El corazón apacible es vida de la carne (Pr. 14:30a).

Creo que necesitamos momentos de quietud, paz, relajamiento, por la salud de nuestros cuerpos y nuestras almas.

¿Te unirías a mí esta semana para practicar momentos de relajamiento y aprender a cultivar un corazón descansando en Jesús?

En verdad que me he comportado y he acallado mi alma (Sal. 131: 2a).

Wednesday, March 11, 2015

"Rest, My Child" (“Descansa, Hijo Mío”)


When circumstances are painful and life feels overwhelming, don't forget to stop and listen. God is still speaking in those moments. He is our Refuge and our Rest. 

...Let the beloved of the LORD rest secure in Him, for He shields him all day long, and the one the LORD loves rests between His shoulders. -Deuteronomy 33:12

Be still and know that I am God; I will be exalted among the nations, I will be exalted in the earth. -Psalm 46:10

He who dwells in the shelter of the Most High will rest in the shadow of the Almighty. 
He will cover you with His feathers and under His wings you will find refuge.... -Psalm 91:1, 4

...In repentance and rest is your salvation, in quietness and trust is your strength.... -Isaiah 30:15

Come to me, all you who are weary and burdened, and I will give you rest. Take my yoke upon you and learn from me, for I am gentle and humble in heart, and you will find rest for your souls. -Matt. 11:28-29


“Descansa, Hijo Mío”

Cuando las circunstancias son dolorosas y la vida parece abrumadora, no olvides detenerte y escuchar. Dios todavía está hablando en esos momentos. Él es nuestro Refugio y nuestro Descanso.

Que el amado del Señor repose seguro en él, porque lo protege todo el día y descansa tranquilo entre sus hombros. -Deuteronomio 33:12

Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra! -Salmo 46:10

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio.... -Salmo 91:1,4

...En el arrepentimiento y la calma está su salvación, en la serenidad y la confianza está su fuerza... -Isaías 30:15

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.  -Mateo 11:28-29

Wednesday, March 4, 2015

Had Enough? (¿Estás harto?)

Today I wanted to share an excerpt from my book Grace In Time Of Need. I've been rereading it lately, and I'm amazed at how God continues to speak to me through it. The truths He used to encourage me many years ago still bless me today. I hope this chapter blesses you as well. 


Elijah’s Cowardice

“That’s it, God! I’ve had enough! I’m done!” Have you ever said that to God? I have. Have you had a day when some little thing (or some big thing) became the final straw? I’ve had more than one day like that. Guess what – we’re not alone. Even the great prophet Elijah had such a moment.

1 Kings 19:1-4 says, Now Ahab told Jezebel everything Elijah had done and how he had killed all the prophets with the sword. So Jezebel sent a messenger to Elijah to say, “May the gods deal with me, be it ever so severely, if by this time tomorrow I do not make your life like that of one of them.” Elijah was afraid and ran for his life…He came to a broom tree, sat down under it and prayed that he might die. “I have had enough, LORD,” he said. “Take my life; I am no better than my ancestors.”

Elijah had just been part of a great victory over God’s enemies. He had defeated the 450 false prophets of Baal. Then the wicked queen threatened him, and he ran for his life. Maybe Elijah wasn’t so much afraid of death as he was just weary and discouraged. He actually prayed for God to take his life. Why? I have had enough, LORD. That’s what he said. 

In that moment, I think we can say that Elijah was a coward. He didn’t want to go on, didn’t want to keep fighting against the wicked people around him. He’d had it! He was done.

I can relate to Elijah’s cowardice. I’ve been there many times myself. At times, like Elijah, I’ve even prayed God would take my life. I didn’t want to face the pain and suffering any more. I didn’t want to keep fighting what seemed a hopeless battle. I’d much rather be in heaven and be done with this awful life on earth. That’s how I feel sometimes.
But look at what happened next. Then he (Elijah) lay down under the tree and fell asleep. All at once an angel touched him and said, “Get up and eat.” He looked around, and there by his head was a cake of bread baked over hot coals, and a jar of water. He ate and drank and then lay down again. The angel of the LORD came back a second time and touched him and said, “Get up and eat, for the journey is too much for you.” So he got up and ate and drank. Strengthened by that food, he traveled forty days and forty nights until he reached Horeb, the mountain of God. (vv. 5-8)
God didn’t say “Ok Have it your way; you can die.” The Lord knew what Elijah needed. He gave him sleep. He provided food and drink, then more rest, then more food and drink. With that provision, God enabled Elijah to travel 40 days and nights. God wasn’t finished with Elijah. He still had things to teach the prophet. He still had work for Elijah to do.
I read this story during one of those times when I’d had enough. After reading it, I said, “Ok Lord, I’m trusting you to provide what I need for the next 40 seconds… the next 40 minutes…the next 4 hours.” Sometimes that’s all we can do – just take the next breath. 
Our heavenly Father always knows what we need when we need it. Elijah needed rest and food. That’s what God provided. No lecture. No sermon. No self-help book. Just grace. And it was enough. God’s grace is always sufficient for our need, even when we feel we have nothing left.
What a comfort it is to know that even a great prophet experienced feelings of cowardice and despair. God didn’t abandon Elijah. He won’t abandon us. He will provide what we need when we need it, until we come to His “mountain” – our true home. What tender grace!


¿Estás harto?

Hoy quería compartir una parte de mi libro Gracia en Tiempo de Necesidad. Últimamente he estado leyéndolo de nuevo y estoy maravillada de cómo Dios continúa hablándome a través de él. Las verdades que utilizó para animarme hace muchos años todavía me bendicen hoy. Tengo la esperanza de que este capítulo te bendiga también.


La cobardía de Elías

“¡Ya está bien, Dios! ¡Ya tuve suficiente! ¡Se acabó!” ¿Alguna vez le has dicho eso a Dios? Yo lo he hecho. ¿Alguna vez has tenido un día cuando alguna cosita pequeña (o una grande) se convirtió en la última gota? He tenido más de un día así. Adivina qué – no estamos solos. Hasta el gran profeta Elías tuvo un momento así.

1R. 19:1-4 dice: Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho, y cómo había matado a todos los profetas a filo de espada. Entonces Jezabel envió un mensajero a que le dijera a Elías: "¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la *vida como tú se la quitaste a ellos!" Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto, y se sentó a su sombra con ganas de morirse. "¡Estoy harto, Señor! protestó. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados."

Elías acababa de ser parte de una gran victoria sobre los enemigos de Dios. Había vencido a los 450 falsos profetas de Baal. Entonces, la malvada reina lo amenazó y él corrió por su vida. Tal vez no estaba tan asustado por la muerte como estaba débil y desanimado. En realidad, oró a Dios pidiendo que le quitara la vida. ¿Por qué? Estoy harto, SEÑOR. Eso fue lo que dijo.

En ese momento, creo que podemos decir que Elías fue un cobarde. No quería continuar, no quería seguir luchando contra la gente malvada a su alrededor. ¡Estaba harto! Estaba hecho.

Puedo identificarme con la cobardía de Elías. Yo misma he estado allí muchas veces. En ocasiones, como Elías, incluso he orado a Dios que me quite la vida. No quería enfrentar más el dolor y el sufrimiento. No quería seguir peleando lo que parecía una batalla sin esperanza. Preferiría muchísimo más estar en el cielo y haber terminado esta horrible vida en la tierra. Así es como me siento a veces.

Pero mira lo que pasó enseguida. Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. 
 De repente, un ángel lo tocó y le dijo: "Levántate y come." Elías miró a su alrededor, y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre carbones calientes, y un jarro de agua. Comió y bebió, y volvió a acostarse. El ángel del Señor regresó y, tocándolo le dijo: "Levántate y come,  porque te espera un largo viaje." Elías se levantó, y comió y bebió.  Una vez fortalecido por aquella comida, viajó cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, el monte de Dios. (vrs. 5-8)

Dios no dijo: “Bueno, que sea a tu manera; puedes morir.” El Señor sabía lo que Elías necesitaba. Le dio sueño. Le proveyó comida y bebida, luego más descanso, después más comida y bebida. Con esa provisión, Dios lo capacitó para viajar cuarenta días y noches. Dios no había terminado con Elías. Todavía tenía cosas que enseñarle al profeta. Todavía tenía trabajo para que hiciera.

Leí esta historia durante uno de esos tiempos cuando estaba harta. Después de leerla dije: “Bueno Señor, estoy confiando en ti para que proveas lo que necesito para los próximos 40 segundos… los próximos 40 minutos… las próximas cuatro horas.” A veces eso es todo lo que podemos hacer – sencillamente toma el próximo respiro.

Nuestro Padre celestial siempre sabe qué necesitamos cuando lo necesitamos. Elías necesitaba descanso y comida. Eso fue lo que Dios proveyó. Ninguna conferencia. Ningún sermón. Ningún libro de auto-ayuda. Solamente gracia. Y eso fue suficiente. La gracia de Dios siempre es suficiente para nuestra necesidad, incluso cuando sentimos que no nos queda nada.

Que consuelo es saber que hasta un gran profeta experimentó sentimientos de cobardía y desesperación. Dios no abandonó a Elías. No nos abandonará a nosotros. Proveerá lo que necesitamos cuando lo necesitamos, hasta que lleguemos a Su “monte” – nuestro verdadero hogar. ¡Qué gracia tan tierna!