Wednesday, March 18, 2015

Relax


Last week I listened to a sermon about having a relaxed heart. I think sometimes as Christians we feel like it's more "spiritual" to be concerned or worried about things. Having a relaxed attitude is often seen as immature or not caring about the serious issues of life.

However, Jesus is the one who said, Do not let your hearts be troubled. Trust in God; trust also in me (John 14:1). 

Having a relaxed heart is something the Holy Spirit works in us as we trust in Him. Taking time to focus on God and to let ourselves rest or relax in Him is something we do. 

And believe it or not, science shows that a relaxed heart is a healthy heart. 

So, how often do you relax? 

How often do you practice a "put your feet up, lean your head back, close your eyes and breathe deeply" kind of relaxing?

Once a day? Once a week? Once a year? 

I admit this isn't something I'm great at either. After years of being bed-ridden, I now love to do things just for the pure joy of DOING! And when I'm not active, my mind is usually jogging down three or four different trails simultaneously. 

In our busy world it seems we're always on the go or at least our thoughts are always moving at a fast pace. I've discovered that ongoing activity and busy thoughts often cause my body to tense up. If I'm not careful I can spend a whole day in this "tense" mode without even realizing it. 

I'm learning how helpful it is to take moments now and then throughout the day to just "relax." 

Be still. 
Calm the thoughts. 
Smile.
Breathe. 
Embrace this moment.
Rest in my Savior.

A heart at peace gives life to the body (Proverbs 14:30a).

I believe we need moments of stillness, of peace, of relaxation for the health of our bodies and our souls. 

Will you join me this week in practicing relaxing moments and learning to cultivate a heart at rest in Jesus? 

But I have stilled and quieted my soul (Psalm 131:2a).


Relájate

La semana pasada escuché un sermón acerca de tener un corazón relajado. Pienso que a veces como cristianos nos parece más “espiritual” ocuparnos o preocuparnos por cosas. Tener una actitud relajada a menudo es visto como inmadurez o no interesarse por los asuntos serios de la vida.

Sin embargo, fue Jesús quien dijo: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí (Jn. 14:1).

Tener un corazón relajado es algo que el Espíritu Santo obra en nosotros mientras confiamos en Él. Tomar el tiempo para enfocarnos en Dios y permitirnos a nosotros mismos descansar o relajarnos en Él es algo que nosotros hacemos.

Y lo creas o no la ciencia muestra que un corazón relajado es un corazón sano.

Entonces, ¿con qué frecuencia te relajas?

¿Con qué frecuencia practicas la clase de relajamiento de "levanta tus pies, echa tu cabeza hacia atrás, cierra tus ojos y respira profundo"?

¿Una vez al día? ¿Una a la semana? ¿Una vez al año?

Admito que esto no es algo en lo que yo sea muy buena tampoco. Después de años de estar postrada en cama, ahora me encanta hacer cosas sólo por el puro gozo de ¡HACERLAS! Y cuando no estoy activa mi mente está frecuentemente corriendo en tres o cuatro senderos diferentes, al mismo tiempo.

En nuestro ocupado mundo parece que siempre estamos en movimiento o por lo menos nuestros pensamientos siempre están moviéndose a paso acelerado. He descubierto que la actividad en curso y los pensamientos ocupados a menudo hacen que mi cuerpo se tensione. Si no tengo cuidado puedo pasar un día entero en este modo “tenso” sin siquiera darme cuenta.

Estoy aprendiendo lo útil que es tomar unos momentos de vez en cuando durante el día para simplemente “relajarme.”

Estar quieta.
Calmar los pensamientos.
Sonreír.
Respirar.
Abrazar este momento.
Descansar en mi Salvador.

El corazón apacible es vida de la carne (Pr. 14:30a).

Creo que necesitamos momentos de quietud, paz, relajamiento, por la salud de nuestros cuerpos y nuestras almas.

¿Te unirías a mí esta semana para practicar momentos de relajamiento y aprender a cultivar un corazón descansando en Jesús?

En verdad que me he comportado y he acallado mi alma (Sal. 131: 2a).

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