Wednesday, December 3, 2014

We All Need Grace (Todos Nosotros Necesitamos Gracia)


Today I wanted to share something that a dear friend of mine wrote. I hope it will encourage you, especially as we face the busy holiday season. You never know who is hurting inside. May God display His grace through us as we continue to receive all we need from His abundance.


Pass the Grace, Please
by Mrs. J.

I think the hardest part about spiritual growth or having to face a trial has got to be the fact that life doesn't stop during the process. Wounded, we walk through the routine of our days with smiles on our faces. We make conversations and jokes and perform menial tasks. We wash laundry and write thank you notes. We pay our bills and put petrol in our autos.

If we had a choice, however, we would do none of those things. Instead, we'd scream out to the heavens in our anger and pain. We'd run to our mothers for her embrace and comfort. We'd lock ourselves in our rooms so we could cry and cry and let healing begin. We would rage against those who have hurt us and get some justice. What we crave more than anything, really is just a little stinkin' privacy.

Those actions, however, don't put dinner on the table.

Those actions are more likely to make others into the walking wounded as well.

If there's one thing a trial teaches me, it's how to extend grace to others. The people I come across may have gaping wounds in their hearts that have absolutely nothing to do with me. They may snap in irritation over some delay. They may honk their horns with impatience the moment a light turns green, not even giving me opportunity to move my foot from brake to gas pedal. Or, reversely, they may be the ones sitting idle, not realizing the light has changed, completely miserable.

Because we are a selfish people, we cannot help but take the actions of others as a personal affront. Our instinct is to go on the defensive and lash back by reacting to the irritated, honking our horns in return, or shouting a loud, "GO already! Sheesh!" This, of course, compounds the misery of the hurting.

At Disney, there are buttons guests can wear to announce a celebration such as a birthday, anniversary, or engagement. Cast members watch for these buttons to call out special messages to the guests. Happy birthday! Congratulations! We're glad you're here! The guests can't help but smile and brighten with each greeting.

What if the walking wounded were allowed to wear buttons?

I'm hurting.

I just lost a loved one.

My world is crashing around me.

My marriage is suffering.

I'm struggling financially and overwhelmed.

I have a horrible illness.

What if others could really see their pain and call out special messages to them? Or what if, simply, we could see their button just long enough to extend a little compassion and a lot of grace?

Go ahead and honk, Lady. I see you're hurting and I don't mind.

Hope you feel better soon!

I'm praying for you.

The truth is, everyone has a button of some kind, but they're invisible. I know this because God's Word says the one thing we're guaranteed is trials.

Consider it a great joy, my brothers, whenever you experience various trials, knowing that the testing of your faith produces endurance. But endurance must do its complete work, so that you may be mature and complete, lacking nothing. -James 1:2-4

This week, I hope to become less aware of my own trials and more aware of those around me. I wonder how many opportunities God will give me to extend grace?



Todos Nosotros Necesitamos Gracia

Hoy quería compartir algo que una querida amiga mía escribió. Tengo la esperanza de que te anime, especialmente ahora que llega la época navideña. Nunca sabes quien está lastimado interiormente. Que Dios muestre Su gracia a través de nosotros mientras seguimos recibiendo de Su abundancia toda la que necesitamos.


Pasa la Gracia, Por favor
Por la señora J.

Creo que la parte más difícil del crecimiento espiritual o tener que enfrentar una prueba tiene que ver con el hecho de que la vida no se detiene durante el proceso. Heridos, caminamos a través de la rutina de nuestros días con sonrisas en nuestros rostros. Tenemos conversaciones y ejecutamos tareas insignificantes. Lavamos la ropa y escribimos notas de agradecimiento. Pagamos los recibos y ponemos gasolina en nuestros autos.

Sin embargo, si pudiéramos escoger, no haríamos ninguna de esas cosas. Más bien, gritaríamos mirando al cielo con ira y dolor. Correríamos a nuestra madre por su abrazo y consuelo. Nos encerraríamos en nuestro cuarto para poder llorar y llorar y permitir que comenzara la sanidad.  Nos enfureceríamos en contra de aquellos que nos hirieran y conseguiríamos algo de justicia. Lo que más anhelamos en realidad es un poquito de privacidad.

Sin embargo, esas acciones no colocan comida sobre la mesa.

Es más posible que esas acciones hagan que otros también anden heridos.

Si hay algo que una prueba me enseña es como extender gracia hacia otros. Las personas con quienes me encuentro pueden tener heridas abiertas en su corazón que no tienen absolutamente nada que ver conmigo. Pueden estallar con irritación por alguna demora. Puede que hagan sonar el pito de su auto en el momento en que un semáforo se pone en verde, sin darme la oportunidad de cambiar mi pie del freno al acelerador. O, al contrario, puede que sean ellos quienes se quedan parados inactivos, sin darse cuenta que el semáforo ha cambiado, completamente miserables.

Porque somos personas egoístas, no podemos tomar las acciones de otros más que como ofensas personales. Nuestro instinto es ponernos a la defensiva y arremetemos contra el irritado, pitando también nosotros o gritando un fuerte, “¡VAYA ya! ¡agh!” Esto, por supuesto, compone la miseria del que sufre.

En Disney hay botones que los huéspedes pueden colocarse para anunciar una celebración como cumpleaños, aniversario o compromiso. Miembros del equipo buscan esos botones para gritar mensajes especiales para los huéspedes. ¡Feliz cumpleaños! ¡Felicitaciones! ¡Estamos contentos que estés aquí! Los huéspedes no pueden evitar sonreír y alegrarse con cada saludo.

¿Qué tal si a los que van andando heridos se les permitiera usar botones?

Estoy lastimado.

Acabo de perder a un ser querido.

Mi mundo se está derrumbando alrededor de mí.

Mi matrimonio está sufriendo.

Estoy luchando económicamente y agobiado.

Tengo una enfermedad horrible.

¿Qué tal si otros pudieran realmente ver su dolor y gritar mensajes especiales para ellos? O ¿qué tal si, sencillamente, pudiéramos ver los botones de ellos suficiente tiempo para extender un poquito de compasión y mucha gracia?

Adelante dama, pite. Veo que está lastimada y no me molesta.

¡Espero que se sienta mejor pronto!

Estoy orando por usted.

La verdad es, todo el mundo tiene un botón de alguna clase, pero son invisibles. Lo sé porque la Palabra de Dios dice que lo único que tenemos garantizado son las pruebas.

Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. –Stg. 1:2-4

Esta semana tengo la esperanza de ser menos consciente de mis propias pruebas y más consciente de las de aquellos a mi alrededor. Me pregunto ¿cuántas oportunidades me dará Dios para extender gracia?

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