Thursday, March 31, 2016

Remember Who He Is (Recuerda Quién es Él)

(I'm sorry this post is a day late; it's been a rough week. Thanks for your patience.)


I've been thinking about the majesty and sovereignty of God. It seems like these days many are questioning God over the difficult things we see in the world, or in our own lives. But the answer is still the same. He is GOD. And we are not. Often what we need is a refreshed awe of Him and renewed humility before Him.

I thought this week I'd share a chapter from my book, Seeing God Through The Storm. This excerpt is from the end of the book of the Job, where God spoke to Job out of the storm. May it encourage us to embrace anew a sense of humble awe before our awesome God.


Tremble

God often uses storms to get our attention. When we take time to look around, we’re reminded of who the LORD is. This knowledge leads us to deeper humility. Though, as Job discovered, it’s not always a pleasant experience.

Job wasn’t prepared for what God said when God finally spoke to him. Every time I read this passage, I think this is the moment God will say “It’s okay, Job. All this trouble wasn’t your fault. Let me explain what’s been going on….”

Instead God said, “Who is this that darkens my counsel with words without knowledge? Brace yourself like a man; I will question you, and you shall answer me.” -Job 38:2-3

Even if God didn’t give Job a full explanation for all his suffering, at least God could have offered Job some words of comfort and reassurance. But He didn’t. God’s approach at this point in Job’s story always seemed harsh to me. Instead of consoling Job, God interrogated him.

“Where were you when I laid the earth’s foundation? Tell me, if you understand. Who marked off its dimensions? Surely you know! Who stretched a measuring line across it?” -Job 38:4-5

Can you do this…? Do you know that…? Where were you when…? In the final chapters of Job, it feels like God was pummeling Job with questions.

"The LORD said to Job: 'Will the one who contends with the Almighty correct Him? Let him who accuses God answer Him!' Then Job answered the LORD: 'I am unworthy—how can I reply to you? I put my hand over my mouth. I spoke once, but I have no answer—twice, but I will say no more.'” -Job 40:1-5

Job knew when to be silent, and this was definitely one of those times. But God wasn’t finished.

"Then the LORD spoke to Job out of the storm: 'Brace yourself like a man; I will question you, and you shall answer me. Would you discredit my justice? Would you condemn me to justify yourself? Do you have an arm like God’s, and can your voice thunder like His? Then adorn yourself with glory and splendor, and clothe yourself in honor and majesty. Unleash the fury of your wrath, look at every proud man and bring him low…crush the wicked where they stand...Then I myself will admit to you that your own right hand can save you.'” -Job 40:6-14

How would you have felt in that moment?

I wouldn’t have wanted to be in Job’s place that day. Job had complained that God wasn’t answering his cries. But when God did speak to him, it wasn’t at all what Job expected.

What could he do? How could he reply?

Faced with the majesty and grandeur of God, there is only one response—to tremble.

Notice that God spoke to Job out of the storm. Why did God choose a storm to speak to Job? Why not a gentle whisper like Elijah heard (1 Kings 19:9-13)? Or a burning bush like Moses experienced (Ex. 3:1-15)?

No. God used a storm—something we associate with power, even fear. Was God angry with Job? Was He trying to scare Job? We can’t answer those questions, but we can remember that God loved Job. And Love always knows what we need. Sometimes we need a gentle whisper, at other times a powerful rebuke. God knew Job’s heart. He knew what Job needed most. Job needed to be reminded of the awesomeness of Almighty God. He needed to stop complaining, arguing, and justifying himself and simply tremble before the LORD.

Have you ever had one of those fall-on-your-face moments when you were overwhelmed by the powerful reality of who God is?

At times an intense awareness of God’s holiness and my own sinfulness has left me trembling before Him. I’ve felt my unworthiness in God’s presence so deeply I couldn’t lift my head.

I didn’t exactly enjoy those moments. I don’t like being humbled. But many times God knows that’s what I need. He’s not being harsh. He knows what is best for me. He humbles me because He loves me. God says, “This is the one I esteem: he who is humble and contrite in spirit, and trembles at my word” (Isaiah 66:2b). The LORD honors those who tremble before Him.

Maybe you’ve felt like Job. Or perhaps you’ve read his story and thought God was unfair to Job. The truth is that God loved Job enough to speak to him in the way and with the words Job needed.

When you hear the LORD speaking with a voice of thunder instead of a gentle whisper, remember that God loves you. And Love knows what you need. Don’t run away from the humbling experience. Fall on your face and tremble before the LORD. He will lift you up again.

“Humble yourselves before the Lord, and He will lift you up.” -James 4:10


Recuerda Quién es Él

He estado pensando acerca de la majestad y soberanía de Dios. Parece que en estos días muchos están cuestionándole por las cosas difíciles que vemos en el mundo o en nuestras vidas. Pero la respuesta es todavía la misma. Él es DIOS. Y nosotros no lo somos. Con frecuencia lo que necesitamos es un asombro renovado y una humildad renovada delante de Él.

Pensé en compartirles esta semana un capítulo de mi libro “Viendo a Dios a través de la tormenta.” Este extracto es del final del libro de Job, donde Dios le habló desde el torbellino. Que éste nos anime a abrazar de nuevo un sentido de humilde temor delante de nuestro asombroso Dios.


Temblor

Con frecuencia Dios usa tormentas para captar nuestra atención. Cuando tomamos el tiempo de mirar alrededor, se nos recuerda quién es el Señor. Este conocimiento nos lleva a una humildad más profunda. Aunque, como descubrió Job, no es siempre una experiencia placentera.

Job no estaba preparado para lo que Dios dijo cuando finalmente le habló, cada vez que leo este pasaje, pienso que este es el momento cuando Dios dirá: “Está bien Job. Todo este problema no fue tu culpa. Déjame explicar lo que ha estado sucediendo…”

En lugar de eso Dios dijo: “¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?  Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás.” –Job 38:2-3

Aun si Dios no le dio a Job una explicación completa por todo su sufrimiento, por lo menos podría haberle ofrecido algunas palabras de consuelo y alivio. Pero no lo hizo. El enfoque de Dios en este punto de la historia siempre me ha parecido severo. En lugar de consolar a Job, Dios lo interrogó.

¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia. ¿Quién ordenó sus medidas,  si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel? –Job 38:4-5

“¿Puedes hacer esto…? ¿Sabes aquello…? “¿Dónde estabas cuando…?” En los capítulos finales de Job se siente como si Dios estuviera golpeando a Job con preguntas.

El Señor le dijo a Job:
“¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios,  responda a esto. Entonces respondió Job a Jehová,  y dijo: He aquí que yo soy vil;  ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé,  mas no responderé;  Aun dos veces,  mas no volveré a hablar.” –Job 40:1-5

Job sabía cuando permanecer callado y ésta definitivamente fue una de esas ocasiones. Pero Dios no había terminado.

Luego el Señor le habló a Job desde el torbellino: “Respondió Jehová a Job desde el torbellino, y dijo: Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás. ¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú? ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? Adórnate ahora de majestad y de alteza, Y vístete de honra y de hermosura. Derrama el ardor de tu ira; Mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, y humíllalo, Y quebranta a los impíos en su sitio. Encúbrelos a todos en el polvo, Encierra sus rostros en la oscuridad; Y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra.” –Job 40:6-14

¿Cómo te habrías sentido tú en ese momento?

Yo no habría querido estar en el lugar de Job ese día. Se había quejado que Dios no estaba respondiendo sus clamores. Pero cuando Dios le habló, no fue de ninguna manera lo que él esperaba.

¿Qué podía hacer? ¿Qué podía responder?

Frente a la majestad y grandeza de Dios, hay solamente una respuesta –temblar.

Nota que Dios le habló a Job desde el torbellino. ¿Por qué escogió un torbellino para hablarle? ¿Por qué no un susurro suave como el que escuchó Elías? (1R. 19: 9-13) ¿O una zarza ardiendo como experimentó Moisés? (Ex. 3:1-15)

No, Dios usó un torbellino –algo que asociamos con poder, incluso miedo. ¿Estaba Dios disgustado con Job? ¿Estaba tratando de asustarlo? No podemos responder esas preguntas, pero podemos recordar que Dios lo amaba. Y el Amor siempre sabe lo que necesitamos. A veces necesitamos un susurro suave, en otras ocasiones una poderosa reprimenda. Dios conocía el corazón de Job. Sabía lo que Job más necesitaba. Job necesitaba que se le recordara la maravilla del Dios Todopoderoso. Necesitaba dejar de quejarse, discutir y justificarse a sí mismo y, sencillamente temblar delante del SEÑOR.

¿Alguna vez has tenido uno de esos momentos cuando te sientes sobrecogido por la poderosa realidad de quién es Dios?

A veces un conocimiento intenso de la santidad de Dios y de mi propia pecaminosidad me han dejado temblando delante de Él. He sentido mi indignidad en la presencia de Dios tan profundamente que no podría levantar mi cabeza.

En realidad no disfruté esos momentos. No me gusta ser humillada. Pero muchas veces Dios sabe que eso es lo que necesito. Él no está siendo duro. Él sabe lo que es mejor para mí. Me humilla porque me ama. Él dijo: “Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra.” (Is. 66:2b). El Señor estima aquellos que tiemblan delante de Él.

Quizá tú te has sentido como Job. O quizá has leído su historia y pensado que Dios fue injusto con él. La verdad es que Dios amó a Job suficiente para hablarle en la manera y con las palabras que él necesitaba.

Cuando escuches al SEÑOR hablando con voz de trueno en lugar de en un susurro suave, recuerda que Dios te ama. Y el Amor sabe lo que necesitas. No huyas de la experiencia humillante. Cae sobre tu rostro y tiembla delante del SEÑOR.  Él te levantará de nuevo.

“Humíllense delante del Señor,  y él los exaltará.” Stg. 4:10

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