Tuesday, September 27, 2011

A Servant (Una Sierva)

Have you ever sung that little praise chorus, "Make Me A Servant"? We sang it a lot when I was growing up. I had a pretty small concept of what it meant to be a servant, which is probably why it didn't bother me to sing that chorus all the time.

As I've gotten older, my understanding of servanthood has expanded. Still, every time I read Matthew 20:28, my mind is astounded!

"just as the Son of Man did not come to be served, but to serve, and to give His life as a ransom for many." -Matt. 20:28

How can this be? The Almighty God of the universe came to serve us? He created mighty angels! He holds galaxies in place! Yet He became a Servant to unworthy sinners?

It's hard for me to wrap my brain around that.

But lately I'm starting to realize that Jesus wasn't just a Servant when He was on earth. No, He continues to serve us. He sits at the Father's right hand and intercedes for us.
What about the Holy Spirit? He also prays for us, comforts us, convicts us, guides us....
And the Father? He continually forgives us, provides for our needs, encourages our hearts, strengthens us day by day, and so much more.
Are not all these things acts of service?

How strange that the only one who truly deserves to be served, is the only one who is truly capable of serving.

God Himself is the Servant. We are simply His chosen instruments, that through us He might continually demonstrate His servant-heart.

The question is, do we want to be servants? Do we want to partner with our awesome God and let Him serve others through us?

During several years of chronic illness, my life has been pretty self-centered. I've been the needy one; I haven't had much energy for serving others. I confess that most of the time, I haven't even wanted to pray "Make me a servant." Until recently.

As the Lord has revealed more of His servant-heart to me, He's been changing my heart. I'm still not very good at living like a servant. But praise God, at least the desire is there. With Jesus living in me, I know He can take the desire to be a servant and turn it into a lifestyle.

Yes, Lord. Make me a servant.


Una Sierva
 
¿Alguna vez has cantado ese coro que dice “Hazme un Siervo”? Lo cantábamos mucho cuando yo era niña. Creo que, como tenía un muy pequeño concepto de lo que significaba ser siervo, por eso no me molestaba contarlo todo el tiempo.
 
A medida que me he ido haciendo mayor, mi comprensión de la servidumbre se ha expandido. Todavía, cada vez que leo Mateo 20:28, ¡mi mente se asombra!
 
“como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” –Ma. 20:28
 
¿Cómo puede ser? ¿El Todopoderoso Dios del universo vino a servirnos? ¡Él creó ángeles poderosos! ¡Mantiene las galaxias en su lugar! Sin embargo, ¿se convirtió en siervo de pecadores indignos?
 
Mi cerebro no alcanza a captar la dimensión de esto.
 
Pero últimamente he empezado a darme cuenta de que Jesús no fue siervo solamente cuando estuvo en la tierra. No, Él continúa sirviéndonos. Está sentado a la diestra del Padre e intercede por nosotros.
¿Qué del Espíritu Santo? Él también ora por nosotros, nos consuela, nos convence, nos guía. . .
¿Y el Padre? Él constantemente nos perdona, provee para nuestras necesidades, anima nuestro corazón, nos fortalece cada día y, muchísimo más.
 
¿No son todas estas cosas actos de servicio?
 
Qué extraño que el único que verdaderamente merece ser servido, es el único verdaderamente capaz de servir.
 
Dios mismo es el Siervo. Nosotros somos simplemente Sus instrumentos escogidos; que a través de nosotros Él pueda constantemente demostrar Su corazón de siervo.
 
La pregunta es, ¿queremos ser siervos? ¿Queremos asociarnos con nuestro maravilloso Dios y permitirle servir a otros a través de nosotros?
 
Durante varios años de enfermedad crónica mi vida ha sido bastante egoísta. He sido la que está en necesidad; no he tenido mucha energía para servir a otros. Confieso que la mayor parte del tiempo, ni siquiera he querido orar “Hazme una sierva”, hasta hace poco.
 
A medida que el Señor me ha revelado más de Su corazón de siervo, ha estado cambiando mi corazón. Todavía no soy muy buena viviendo como sierva. Pero gracias a Dios por lo menos el deseo está. Con Jesús viviendo en mí, sé que Él puede tomar el deseo de ser sierva y convertirlo en un estilo de vida.
 
Sí, Señor. Hazme una sierva.

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